pajisa aldea

 
 
   
PONIENDO EN ALTO PARTE DE NUESTRA HISTORIA
 

  

TOMAS HERNANDEZ FRANCO


(1904-1952). Poeta y ensayista. Nació en Tamboril. Dedicado a las letras desde joven. Partidario del ascenso de Trujillo, escribió poco después su primer ensayo importante: "La más bella Revolución de América", para referirse a la toma del poder por Trujillo.

Desempeñó varios cargos públicos durante ese régimen.

Se dedicó además la poesía y el cuento.

Su obra poética fundamental es "Yelidá", gran poema épico.

Publicó en San Salvador "Apuntes sobre poesía popular y negra en las Antillas" (1942), "Canciones del Litoral alegre", (1948): "Síntesis y Magnitud de un Problema", (1943); "Cibao" (cuento) (1942).

Yelidá

Un antes

Erick el muchacho noruego que tenía
alma de fiord y corazón de niebla
apenas sospechaba en su larga vagancia de horizontes
la boreal estirpe de la sangre que le cantaba caminos en las sienes

En el más largo mes del año había nacido
en la pesquera choza de brea y redes salpicada casi por las olas
parido estaba entre el milagro del mar y el sol de medianoche
de padre ausente naufragado
nadador ya de algas profundas y arenas sorprendidas
de escamas y de agallas y de aletas

Era el quinto hijo para el mar nacido
Erick creció en su idioma de anzuelo y de corriente
fuerza de remo y sencillez de espuma
como todos los muchachos de la playa
mitad Tritón y mitad Ángel

Pero Erick no sabía nada de eso
—pulso de viento y terquedad de proa—
aprendió los nombres de los peces de las puntas y cabos
la oración del canal y la bahía
a los quince años conocía mil golfos
y sin contar el ya remoto y salobre seno de la madre
ni un solo pensamiento de noruega
le había caminado entre las cejas rubias

En un anual calafateo de lanchas
llamas estopa y brea
Erick tenía veinte años y era virgen dentro de sus botas de hule
y creía que los niños nacen así como los peces
en la noche quieta de los reposos del mar
pero el tío piloto contaba entre dientes largas historias de islas
con puertos bruñidos y azules
donde centenares de mujeres desnudas subían carbón al barco
donde había pájaros verdes hirviendo de palabras obscenas
y donde en la noche florecía el burdel con hondo aliento de tam-tam

El tío mascullaba una lejana canción de sol y cocoteros
en lengua que no podía ser noruega y que ponía
en el pulso de viento de Erick pequeños remolinos

A los veintidós años Erick tenía la mirada gris azul
densa de su alma puesta en dique
y una voluntad de timón y de quilla
por llegar a las islas de las montañas de azúcar
donde —decía el tío— las noches olían a cedro como las barricas de ron
Erick sabía que los marinos noruegos siempre desertaban en las islas
pero cuando estaban bien borrachos los capitanes los metían a patadas
en las bodegas sucias y entonces volvían a Noruega
flacos y callados y tristes

Con todo y las patadas el marino Erick ya estaba en ruta

Otro antes

Esta no es la historia de Erick al fin y al cabo
que a los treinta años ya no era marinero
y vendía arenques noruegos en su tienda de Fort Liberté
mientras la esposa de Erick madam Suquí
rezaba a Legbá y a Ogún por su hombre blanco
rezaba en la catedral por su hombre rubio

Madam Suquí había sido antes mamuasel Suquiete
virgen suelta por el muelle del pueblo
hecha de medianoche a toda hora
con hielo y filo de menguante turbio
grumete hembra del burdel anclado
calcinada cerámica con alma de fuente
himen preservado por el amuleto de mamaluá Clarise
eficaz por años a la sombra del ombligo profundo
Erick amó a Suquiete entre accesos de fiebre
escalofríos y palideces y tomaba quinina en grandes tragos de tafiá
para sacarse de la carne a la muchacha negra
para ahuyentarla de su cabeza rubia
para que de los brazos y el cuerpo se le fuera
aquel pulido y agrio olor de bronce vivo y de jungla borracha
para poder pensar en su playa noruega con las barcas volteadas
como ballenas muertas

Pero Suquiete lo amaba demasiado porque era blanco y rubio
y cambió el amuleto de mamaluá Clarise
por el corazón de una gallina negra
que Erick bebió en viernes bajo la luna llena con su tafiá y su quinina
y muy pronto los casó el obispo francés
mientras en la montaña el papaluá Luipié
cantaba el canto de la Guinea y bebía la sangre de un chivato blanco

En la noche sudada de fiebres y marismas
Erick sin sueño marinero varado sobre la carne fría y nocturna de Suquí
fue dejando su estirpe sucia de hematozoarios y nostalgias
en el vientre de humus fértil de su esposa de tierra
y Erick murió un buen día entre Jesucristo y Damballá-Oueddó
apagado el pulso de viento del velero perdido en el sargazo
su alma sin brújula voló para Noruega
donde todavía le quedaba el recuerdo
de un pié de mujer blanca que hacía frágiles huellas en la arena mojada

Un después

Y así vino al mundo Yelidá en un vagido de gato tierno
mientras se soltaba la leche blanca de los senos negros de Suquí
alegre de todos sus dientes y de su forma rota
por el regalo del marido rubio
y Yelidá estaba inerme entre los trapos
con su torpeza jugosa de raíz y de sueño
pero empezó a crecer con lentitud de espiga
negra un día sí y un día no
blanca los otros
nombre de vodú y apellido de kaes
lengua de zetas
corazón de ice-berg
vientre de llama
hoja de alga flotando en el instinto
nórdico viento preso en el subsuelo de la noche
con fogatas y lejana llamada sorda para el rito

Los otros sólo tuvieron la sospecha de un peligro cercano
mientras Suquí descendía su alma por los caminos de noche de su entraña
y engordaba en su alegría de matriz de misterio
ternura de polen en su hija de llama
para cuyo destino no tuvieron respuesta el gallo y la lechuza
ni sabían nada el más sabio ni el más viejo

Los peces lo sabían y la noche y la selva y la luna y el tiempo de calor
y el tiempo de frío
y el alma de garra del pantano
y el dios que enmaraña las raíce sy las empuja fuera de la tierra
y el macho y hembra que en los cementerios
enciende fuegos verdes sobre el vientre helado de los muertos
y el que está en la garganta de los perros lejanos
y el del miedo con sus mil pies y su cabeza cortada

Y ésta quiere ser la historia de Yelidá al fin y al cabo

Tacto de clave
flanco sonoro al simple peso de la mirada
paladar de fiera
cuerpo de eterna juventud de serpiente nuevo para cada luna nueva
completa para siempre como el mito
hermafrodita en el principio del mundo
cuando descuartizaron a los dioses
enigma subterráneo de la resina y del ámbar
pacto roto de la costilla de oro
traición hembra del tiempo libertada

Un paréntesis

Los liliputienses dioses infantiles de la nieve
los viejecillos vestidos de rojo
que sacuden la niebla de sus barbas
y los que soplan sobre las letras sin rumbo de las veletas
los habitantes del rescoldo
los del viento ululante
los que dibujan las árticas auroras
los dioses de algodón y de manzana
que tienen largo el sur y corto el norte
los que sobre la tímida y verde vida del musgo verde
resbalan y juegan con las flores del hielo
los hiperbóreos duendes del trineo y del reno
supieron la noticia en lengua de disueltos huracanes lejanos

Sangre varega en la aventura de cosas de hombre
por cosas de mujer se trasplantaba
en islas de caracol y de pimienta
perdida iba a quedar para su ártico
en el flotante archipiélago encendido
perdida iba a quedar para su mansa
vegetación de pinos ordenada
perdida iba a quedar para su lucha
de olas aceite y peces
perdida iba a quedar para Noruega
en las islas de fuego condenada

Viajeros por los hondos caminos del subsuelo adornados de tumbas
donde dialoga el fósil con la raíz podrida
y el hueso suelto espera la trompeta
y se hace oscuro el secreto del agua
que lava las pupilas insomnes del mineral perdido
por la grieta y la gruta y el estrato
los dioses de leche y nube con el sexo de niño
buscaron al otro dios de los mil nombres
al dios negro del atabal y la azagaya
comedor de hombres constelado de muertes
Wangol del cementerio y del trueno
el dueño del ojo vidriado de zombí y la serpiente

Buscaron a Ayidá-Oueddó que es la que pone
a arder la lámpara roja del estupro
la que en el hondo vientre de cueva del bongó mantiene
las cien serpientes locas del dolor y la vida
la que en la noche de Legbá suelta los perros del deseo
la que está partida en dos mitades por sexo infinito
maestra de la danza sagrada para llegar hasta ella misma
domadora del grito y del espasmo.

Implorantes de llantos en sordina
Casi borrachos ya de olor de isla
los dioses de Noruega pedían salvar la última gota de la sangre de Erick
la escandinava inocencia de una gota de sangre

Buscaron a Badagris dictador de la puñalada y del veneno
espíritu suelto de los cañaverales
donde el tafiá es primero flor y luego miel
el padre del rencor y de la ira
el que enciende la choza al leve contacto de su mano negra
y viola a todas las niñas en el vientre de las madres dormidas

Buscaron a Agoué dios ventrudo del agua
mitad evaporado de sol y de brasa
y mitad prisionero del pantano
aburido de moscas y de olas
en su casa de vientos y de esponjas

Hablaron con los ojillos azules entomados
mientras la sangre se les iba haciendo de plata derretida
porque Ayidá-Oueddó bailaba en el canto del gallo
con los senos brillantes de sudor y de estrellas.

Pero aquella noche Yelidá había tenido su primer amante
estaba tendida y fresca como una hoja amarilla muy llovida
adolorida sin dolor casi despierta en la hamaca de un sueño tibio
le vivía tan sólo un golpe amado de tambor en las sienes
y en el vientre se le dormía la música y la danza

Por los caminos de la lombriz y de la hormiga
rota toda esperanza regresaron.

Otro después

Con alma de araña para el macho cómplice del espasmo
Yelidá por el propio camino de su vientre
asesina del viento perdido entre los dientes de la gruta
ahí se estaba vegetal y ardiente
en húmeda humedad de hongo y de liquen
caliente como todo lo caliente
cosa de hoja podrida fermentada en penumbra tiempo y luna
hecha de filtro y de palabra rara
en el agua del charco con su verde y su larva
y su ala a medio nacer y su andar de meteoro
Yelidá deshojada a sí y a no
por éxtasis de blanco y frenesí de negro
profunda hacia la tierra y alta hacia el cielo
en secreto de surcos y en místico de llamas

Final

Será difícil escribir la historia de Yelidá un día cualquiera.


 



   AYUDEMOS NUESTROS JOVENES PARA UN MEJOR MAÑANA

Educar es adiestrar al hombre para hacer un buen uso de su vida, para vivir bien; lo cual quiere decir que es adiestrarse para su propia felicidad.

Antonio Maura

            

 MAS SOBRE TOMAS H. FRANCO
LITERATURA
Tomás Hernández Franco
-
 
DESCANSO A SU ALMA. EL PROPÓSITO ES LA CONSTRUCCIÓN DE UN MAUSOLEO EN TAMBORIL

Asimismo, los cargos públicos también le merecieron desplazarse por varios puntos del continente representando el país. Se desempeñó como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Haití, Encargado de Negocios en Cuba, La Habana y San Salvador.

Además de cumplir funciones consulares en Francia, Bélgica y otras naciones europeas.

Esfuerzos
En el año 1997, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) celebraba el aniversario 88 del natalicio del Profesor Juan Bosch en su sede en París, actividad para la cual fueron invitados importantes personajes de la República Dominicana a disertar sobre la cultura del país caribeño.

La oportunidad concedida a Elsa Brito de Domínguez para dictar la conferencia “Tomás Hernández Franco en la Literatura Dominicana” fue la ocasión perfecta para que la expositora promoviera la construcción de un mausoleo para trasladar allí los restos de Hernández Franco.

Todos los presentes conocedores de la obra de Hernández Franco mostraron su apoyo a la iniciativa destacando que era necesario cumplir con entregarle una morada digan para su descanso eterno al poeta criollo. Esta petición fue aplaudida, incluso por el Embajador Dominicano en Francia en ese momento, Guillermo Piña Contreras.

Además, el reconocido pintor dominicano Silvano Lora se ofreció para realizar el boceto de lo que se convertiría en el mausoleo dedicado al poeta.

En vida el poeta y diplomático que murió en 1952 evn Santo Domingo, pidió que sus restos fueran enterrados en su pueblo natal, por lo cual fueron trasladados a Tamboril en el 2000, afirma Elsa Brito, pero aún queda pendiente construirle un descanso eterno propio, porque la tumba donde se encuentra en la actualidad pertenece a la familia Almánzar Hernández. Con la construcción de este mausoleo, no sólo se persi gue enaltecer la figura del poeta, sino darle a conocer al pueblo las figuras valiosas que nacieron en su tierra, motivar la admiración y orgullo en los jóvenes, afirma Elsa Brito.

De acuerdo con Brito de Domínguez, en su obra existen numerosas referencias de varios lugares que visitó y otros en los cuales vivió por algún tiempo. Estados Unidos, Alemania, Bélgica, España, Panamá, Costa Rica, México y Haití, son algunas de las paradas que se destacan en el peregrinar de este poeta criollo.

El diseño de un hogar eterno “El lugar donde Tomás descansa no es la tumba que corresponde a sus deseos”, asegura su hermano Rafael Hernández, al referirse a que el poeta ya le había expresado las características de la morada de su eterno descanso.

De acuerdo con Hernández, la concepción del autor era que su tumba estuviera representada con una cárcel que incluya una rampa para mostrar su camino hacia la libertad. “Tomás decía, como muchos otros poetas, que durante la vida el alma se siente como un pájaro enjaulado y que sólo encuentra la liberación cuenda da el paso final hacia la eternidad, con la muerte”, afirmó Hernández.

Hernández expresa que siempre se ha sentido muy interesado por cumplir los deseos de su hermano de enterrarlo en su natal Tamboril, pero en un lugar digno y respetable para esta gran figura de la literatura dominicana.

Asegura que desde la muerte de Tomás Hernández Franco se interesó por trabajar en la construcción del mausoleo propuesto por Elsa Brito de Domínguez, ya que su profesión de arquitecto le permitirá cumplir las claras peticiones del poeta.

EL POETA PEREGRINO CON SU TUMBA PRESTADA
De diversas maneras se puede catalogar a Hernández Franco: poeta, cuentista, ensayista, orador, periodista y diplomático, ya que dedicó sus 43 años a cultivar el amor por las letras. Nació el 29 de abril de 1904, siendo sus padres el comerciante Don Rafael Hernández Almánzar y Doña Dolores Franco Bidó.

Desde joven se insertó en el mundo de la literatura y ya a los 14 años inició sus trabajos en el periódico La Información.

Cursó sus estudios básicos en su pueblo natal y en sus tiempos de estudiante escribe su primer libro llamado “Rezos Bohemios”, contando con tan sólo 16 años.

En 1921 viajó a Europa a estudiar Derecho en la Universidad de la Soborna de París, pero no concluyó esta profesión por enfocarse en el estudio de las letras, así que para 1929 regresa a su país por la muerte de su madre.

Hernández Franco recorre las diferentes tendencias poéticas del momento como la romántica, la dadaísta y surrealista.

También se adueña de la corriente de la poesía sorprendida y de ahí nace su poema de mayor envergadura: Yelidá, el cual lo publicó en San Salvador en 1942 mientras desempeñaba su rol de diplomático.

Sin embargo, su amor por Tamboril destaca dentro de las características principales de sus obras.

“Yo fui tamborileño en París, New York, en Centroamérica y en Santiago”, expresaba Hernández Franco.

Estados Unidos, Alemania, Bélgica, España, Panamá, Costa Rica, México y Haití, son algunas de las paradas del peregrinar de este poeta.

 


 
 
                                                                  

TOMAS HERNANDEZ FRANCO : POETA Y DEPORTISTA

En un artículo que publicáramos en este mismo diario decíamos que «Además de artista literario, Hernández Franco sentía una extraordinaria afición por los deportes. Su pensamiento deportivo -argumentábamos- aparece magistralmente expresado en “El Sport, su historia, su simbolismo, su filosofía y su influencia moral y material en la civilización”, título de la conferencia leída por el propio autor en el Teatro Apolo de Tamboril la noche del 27 de octubre de 1931 en provecho del Team de beisbol Senadores de este municipio»

Pero además de teórico del deporte, Hernández Franco fue un fiel cultivador de las prácticas deportivas. En Santiago, por ejemplo, se desempeñó como promotor de boxeo, y cuando cursaba estudios en Francia alcanzó el título de campeón amateur de boxeo universitario al derrotar a un estudiante alemán que ostentaba tan preciado galardón.

Por considerarlo de interés, publicamos a continuación el texto completo, hasta ahora precariamente conocido, de la antes citada disertación, por entender que la misma encierra importantes juicios que necesariamente tendrán que ser tomados en cuenta por poetas, artistas, atletas e intelectuales, en una sociedad en la que prima la falsa creencia que el ejercicio muscular no es compatible con el desarrollo artístico e intelectual :


EL SPORT, SU HISTORIA, SU SIMBOLISMO, SU FILOSOFIA Y SU INFLUENCIA MORAL Y MATERIAL EN LA CIVILIZACION

(Conferencia leída por su autor, Tomás Hernández Franco, en el Teatro “Apolo”, de Tamboril, la noche del 27 octubre 1931, en provecho del tema de béisbol “Senadores”)

« Señoras y Señores:

Pláceme sobremanera ocupar esta tribuna y frente a este público, porque en cierta forma es como una oportunidad de pagar una deuda de cariño, contraída desde mi infancia, porque aquí en Tamboril mismo, y mucho antes de poder lanzarme por mis propias fuerzas en las sendas de la curiosidad literaria, mi imaginación se nutrió de una tradición de cultura y de amabilidad que parece haber sido de todo tiempo patrimonio o herencia, timbre o blasón de esta comunidad.

Tamboril fue el trampolín desde el cual lancéme hacia la vida, por las rutas sin huellas del mar y por los vírgenes camino de la fantasía y del ensueño y siempre, en las horas del recuerdo, en la nostálgica evocación del viajero, la patria lejana me cabía en el corazón.

Por imperiosas urgencias de la vida, frente a otros públicos he escrito y frente a otros públicos he hablado y aquí he vuelto siempre, porque naturalmente aquí se polariza mi existencia; pero nunca me he sentido un Simbad de leyenda, siempre llegué sin la jactanciosa actitud de quien pretende contar maravillas y a la vida aldeana me reintegré sin esfuerzo porque aldeano he sido siempre en mi orgullo y en mi sinceridad.

Pero si por ahí, por los caminos de la vida, he podido hacerme un lugar, si acaso mi nombre no es de los que ruedan en el anonimato, si en alguna parte algunos me toman en cuenta, porque desde el principio he luchado de buena lid sin dar las espaldas nunca, siempre en la brecha, con la alegría que le parece el afán, es porque en ningún momento me faltó la esperanza de ser digno hijo de esa tradición de cultura y de amabilidad que ustedes poseen por legítima herencia y por bella tradición.

No pretendo pagar deuda por completo. Las deudas de cariño no se cancelan nunca y siento que ahora mismo la mía aumenta con la satisfacción que me procura el hablaros.

Señoras y Señores:

Una de mis más reales satisfacciones al llegar de nuevo a Tamboril, fue la que me procuró comprobar cómo entre ustedes el beisbol había ocupado una parte preponderante en vuestro entusiasmo y en vuestras diversiones. Tamboril, el que siempre amó la poesía y la belleza, el que se conquistó una reputación llena de amables ironías por su predisposición a los juegos del espíritu, era lógico que rindiera tributo también a las fiestas del músculo, porque en ellas hay tanto o más lirismo que en cien mil madrigales y porque en el gesto vivo y recio del atleta hay tanta emoción como la que procura el mejor soneto.

Por eso he escogido el presente tema, cosa que no podía ser de otro modo tampoco, ya que esta disertación me fue pedida por los entusiastas del mismo “deportes rey” y que se hace a beneficio de nuestros “Senadores”.

La práctica y el culto a los deportes remontan a la más remota antigüedad. Ha sido tanta su importancia en la historia del mundo que fijaos bien la fecha más antigua que se conoce con certeza en la historia de la humanidad, es la fecha que marca un evento deportivo. En efecto, en el año 776 antes de Cristo, el corredor griego Korcibos ganó en el estadio de Olimpia la carrera de los 185 metros. Año más que memorable; pues no solamente marca el origen del deporte sino también la historia de toda Europa. Ninguna fecha exacta anterior a la victoria de Korcibos es conocida.

Más allá es la leyenda, es la noche de los tiempos, es una mezcla de tradiciones fabulosas con documentos prehistóricos por entre los cuales los sabios no se atreven a penetrar más que con hipótesis, en ausencia de toda cronología.

En la primera línea de la historia occidental, se inscribe el nombre oscuro de un atleta ganador de una simple carrera de 185 metros. ¿Por qué los griegos comienzan con ese hecho su era nacional? Cuando los romanos sitúan su primer año en la fundación de Roma, los cristianos en el nacimiento de Cristo, los musulmanes en el origen del Islán, los revolucionarios franceses en la proclamación de la República, los griegos comienzan a contar sus años desde el día en el cual los sacerdotes de Olimpia hacen grabar el nombre de Korcibos en sus tablas de gloria. Ellos olvidaron en qué año fue el sitio de Troya, ni cuándo vencieron a los Atridas, ni en qué siglo murió Homero; pero de la victoria de Korcibos no se olvidaron nunca y la transmitieron a la posteridad cantada en mármoles imperecederos, y es porque para los griegos los juegos olímpicos revestían una solemnidad de la cual ahora nada pueda darnos la más remota idea.

Lourdes o la Meca son ahora simples lugares de peregrinaciones religiosas, Bayreuth lo es musical, Deauville, sportivo. Olimpia era todo eso a un tiempo mismo y mucho más ilustre. Cada cuatro años allí se reunían los filósofos más famosos, los más grandes poetas, las mujeres más bellas, los mejores músicos, los sacerdotes más ilustres, los más conocidos guerreros y todo aquel espectáculo grandioso giraba en torno de las competiciones de los atletas venidos de todos los países vecinos para medir sus fuerzas contra los mejores del mundo conocido hasta entonces.

La grandiosidad de aquellas fiestas de la inteligencia y del músculo nos viene rodando al través de los siglos en las odas de Píndaro, el maravilloso poeta que inmortalizó el nombre de los atletas vencedores y cuyos versos han quedado hasta ahora, y quedarán mientras haya poetas en el mundo, como ejemplos insuperables en el género. Y quiero hacer notar algo que todos ustedes saben. Ese amor de los griegos por los juegos de la fuerza, no fue una manifestación de frivolidad o de carencia de inteligencia. Ningún pueblo se preocupó jamás, tanto como los griegos de cultivar su espíritu y de aumentar su inteligencia, pero, al mismo tiempo, ningún pueblo llevó a más alto grado el respeto casi religioso del cuerpo humano, de su belleza, como los griegos mismos.

Más aún, Platón mismo, el filósofo griego, padre de toda la filosofía, sacó de los juegos atléticos los más imperecederos principios de sus doctrinas. Y Paul Adam, el estupendo escritor y filósofo francés, en su libro “Moral del Sport”, funda toda la filosofía del deporte en la filosofía platónica. Oíd estos párrafos:

“La admirable filosofía de Platón se desprende del acto completamente material que efectúa un corredor tratando de llegar a la meta, un luchador estrechando su adversario. La admiración hacia la musculatura del atleta, su sitio, el concepto de lo bello en sí mismo, de la armonía de la justicia y de la verdad, tal fue, sobre la arena de Academos, el origen de las filosofías que Spinosa, Kant y los pensadores no cesan de confirmar”.

No hay más que comprobar, pues, ese otro aspecto formidable de la influencia de los deportes sobre la vida espiritual de la humanidad. Muchas gentes que nunca han practicado un deporte, que no saben la fuente de bienestar, de reposo de verdad, de belleza y de justicia que es la práctica de un Sport cualquiera, se refugian en el prejuicio inmotivado de que el exceso de fuerza física mata la fuerza espiritual, que las dos actividades son incompatibles y que un atleta, para serlo verdalmente, tiene que ser una persona sin cultura.

Sin tener que remontar a la actualidad en que reyes y emperadores no vacilaron en bajar a la arena para medir sus fuerzas con todos los atletas en diferentes competiciones, recordemos que en la actualidad, Tunney, el campeón del mundo de boxeo, ya retirado, es un graduado en Leyes, en Filosofía y en Letras, que nunca ha abandonado sus actividades intelectuales y que en las dos mejores universidades del mundo, las de Oxford y Cambridge, de Inglaterra, es en donde están los mejores humanistas, los mejores helenistas, los mejores estetas, los mejores teólogos del mundo, los cuales son, al mismo tiempo, los mejores boxeadores, los mejores remeros, los mejores jugadores de foot ball, los mejores atletas, en fin...

Recordemos también que Goethe, el estupendo poeta alemán, fue un gran atleta que practicó siempre la marcha a pie, la esgrima, la natación, la equitación y el patinaje. Que Lord Byron fue un nadador maravilloso que en mayo de 1810 atravesó el Helesponto a nado.

Que Lamartine fue un excelente montador de caballo, que Víctor Hugo y Alejandro Dumas admiraron el boxeo dejándonos, el primero de ellos, un excelente retrato de boxeador en el “Hombre que ríe” y que Teófilo Gautier mismo practicó diariamente el boxeo francés, que es mucho más peligroso que el inglés, y que el mismo Federico Mistral, el suave autor de Mireya, nos ha dejado en esa obra capítulos que pueden considerarse como los precursores de la actual literatura deportiva.

El músculo no mata inteligencia. Al contrario, el mente sana en cuerpo sano de que nos hablaron los latinos es hoy más que nunca una verdad, y sólo el deporte, su práctica leal y devota, puede procurar ese bello equilibrio que es y ha sido el ideal de todos los tiempos.

Veamos ahora, a la ligera, algo del simbolismo que hay en todos los deportes :

Los griegos, quienes, como ya hemos visto, fueron los padres del deporte, llevándolo hasta alturas que todavía nadie ha podido reconquistar, pusieron en todos sus juegos un origen simbólico que recorría, desde la ofrenda religiosa hasta la imitación de la guerra, y muchos mitos de la antigüedad viven todavía en todos los deportes, sin que muchos de los atletas que en la actualidad lo practican lo sepan siquiera.

Así, para poneros un ejemplo que puede ser de interés inmediato para ustedes, en el mismo beisbol, una reconstrucción de aquellos ejercicios en que el hombre necesitó, desde los albores de la historia del mundo, ejercitarse para conservar su vida cuando sólo disponía de las armas rudimentarias con que lo dotó la naturaleza.

Todo jugador de beisbol necesita ante todo ser un corredor. La carrera del beisbol no se parece a todas las demás carreras: el corredor no solamente necesita ir de prisa para llegar a una meta donde ningún peligro lo espera, sino que es una carrera que tiene todo el aspecto de una fuga, porque el corredor huye de la posibilidad del out que lo acecha o de la bola que lo persigue. Primer símbolo : el instinto de conservación. del hombre primitivo.

Seguidamente un jugador de beisbol no puede tirar la bola como un niño que tira una piedra al azar. Necesita precisión en la tirada, saber con una exactitud de centímetro a donde va a parar la pelota después que salga de sus manos. Segunda aparición del hombre primitivo que sólo disponía de la piedra para abatir a sus enemigos, pájaros, hombres o fieras, en los primeros tiempos de su vida en la tierra. Las mismas frutas eran desprendidas a pedradas, y el hombre se acostumbró a la destreza de apararlas entre sus manos, en cabriolas difíciles, para que muchas veces no fueran a parar al fondo de un abismo o entre las manos hábiles de algún compañero más fuerte o menos diestro.

Viene luego el bate, arma ya más perfeccionada que la piedra, maza que sirvió en los lejanos tiempos como instrumento de ataque y de defensa. En el béisbol todos los esfuerzos físicos se emplean y todas las formas de ese esfuerzo se manifiestan claramente, pero también el cálculo, la fuerza de la inteligencia, la malicia, arma suprema que el hombre primitivo empleó como último argumento contundente para vencer a sus enemigos.

Así vemos el símbolo de ese juego, simbolismo que se descubre en todos los deportes actuales, pues no hay ninguno que no corresponda claramente a los íntimos reflejos que vienen rodando con los siglos en el subconsciente de la humanidad.

Como ustedes habrán visto, he venido empleando indistintamente las palabras deporte y sport. Sin embargo, la palabra deporte no significa exactamente sport y esta última palabra, ya internacionalizada y usada en todas las lenguas, nos parece más exacta.

Varias veces se ha intentado dar una definición de esa palabra que satisfaga a todos, y varios autores y autoridades en la materia se han ocupado de ello desde hace más de cincuenta años. Paul Adam nos había escrito en 1907: “Se llama sport toda obra coordinando una serie de actos físicos homogéneos y razonados a fin de aumentar la agilidad, el valor y la potencia del hombre”.

El poeta Rolmer lo definía: “El sport es un medio de vencerse o de vencer a un enemigo”. Y Marcel Prevost, de la Academia francesa, proponía la siguiente: “El sport es el ejercicio metódico e higiénico del cuerpo humano en vista de aumentar su fuerza, su agilidad y su belleza y de desarrollar la energía de la voluntad al mismo tiempo que procura reposo al espíritu”.

Todas esas definiciones pecan, como se habrá visto por vagas y por largas, habiéndose encontrado en Francia esta otra definición más precisa: “El sport es una lucha y un juego”.

Simplemente, y es así en realidad, el sport es una lucha siempre, una lucha contra el tiempo, contra el espacio, contra la fatiga, contra la edad, contra el adversario, que sea hombre, cosa, idea o sentimiento, una lucha contra la pereza, contra el hábito y contra el fastidio. Es un juego también porque es una forma de la actividad cuyo objeto está en sí misma.

Esa lucha exige voluntad, paciencia, orden y método, cualidades que van con el éxtasis y la actitud contemplativa. Ese juego exige firmeza de cuerpo y de espíritu, optimismo y lirismo.

Admitamos, pues, esa definición que es la más precisa y la que mejor cuadra a la verdadera misión del sport, tal y como ha sido comprendido en todos los países. El verdadero sport es moral y moralizador, suprime las distancias, acerca todas las clases sociales, pone en contacto a todos los ciudadanos que de otro modo quizás no podrían jamás encontrarse en el mismo nivel. Todo lo que acostumbra al hombre a sostenerse de aplomo sobre sus piernas, a sostener los choques, a mirar fríamente a su adversario, encierra una virtud educativa que todas las democracias deben utilizar.

De todo lo que hemos dicho se desprende que el sport es el culto voluntario y habitual del ejercicio muscular intensivo, apoyado en el deseo de progreso que puede llegar hasta el peligro y de ahí podemos deducir estas cinco nociones primordiales: El sport no es natural al hombre: está en contradicción formal con la ley animal del “esfuerzo mínimo”. No es suficiente, pues es necesario darle facilidades materiales para que progrese o se mantenga: es necesario estimularlo por la pasión o por el cálculo.

El carácter sportivo es susceptible de sobreponerse a todo ejercicio muscular como puede también estar completamente ausente. Esta afirmación debemos explicarla más detalladamente. Se puede practicar un sport, sin ser sportivo, se puede ser jugador de béisbol, sin ser sportivo, sobre todo cuando no se lleva al diamante el espíritu caballeroso, leal, franco, decidido, que caracteriza toda manifestación de ese género.

En efecto, querer ganar en toda competición, es lógico, porque el triunfo es el objetivo que se persigue en toda lucha, pero querer ganar a todo trance aun cuando se reconoce la propia inferioridad, utilizando para ello tretas de mala fe o combinaciones de cualquier especie, cuando al terreno se lleva el engaño, la cólera, el odio, la inquina ya se podrá ser jugador de béisbol pero no se será sportivo nunca, porque se han traspasado sus fronteras de belleza.

En el verdadero sport hay que querer ganar siempre, hay que luchar hasta lo último por el triunfo, pero hay que admitir sinceramente la derrota, hay que saber perder, y hay que saber reconocer sinceramente la superioridad del adversario y tratar en seguida de superarlo. Ese es uno de los aspectos en que más ha influido el sport en la actual civilización: las gentes, al sportizarse, van perdiendo mucho de la animal rudeza de antes, y ante el espíritu sportivo, el rencor, la venganza, la inquina, van perdiendo camino. Cuando todo el mundo tenga alma sportiva, podremos asegurar que el crimen, la falsedad, el engaño habrán desaparecido del mundo.

La tercera consecuencia es que el sport siendo una escuela de dominio sobre uno mismo y haciendo un constante llamamiento a la observación y a la sangre fría, cae en los dominios de la psicología tanto como en los de la fisiología y puede hacer reaccionar favorablemente el entendimiento, el carácter y la conciencia. Por tal motivo, es un agente de perfeccionamiento moral y social.

Señores:

Muy a la ligera, contra mi querer, por no haber tenido el tiempo material suficiente para darle forma más amplia a esta disertación, he querido probaros de una verdad que ya seguramente adivinabais. Nada más noble que el sport y nada más noble que esa actitud de entusiasmo que todo el pueblo ha tomado frente a los triunfos de nuestro team beisbolero que muy pronto va a enfrentarse a la conquista del campeonato de serie “E”. Os he dicho cómo, desde Homero y Píndaro, los más grandes hombres de la humanidad en las actividades del intelecto, se han ocupado del sport sin sentirse denigrados, y que lo han practicado previamente sin obtener ningún menoscabo de sus inteligencias. No olvidéis que el mismo Platón, antes de ser filósofo, fue atleta y por eso que nadie crea que se pierde el tiempo que se dedica al cultivo de la fuerza física.

Ojalá que vuestro entusiasmo no se limite a aplaudir solamente al único equipo atlético que Tamboril ha logrado presentar y que, por el contrario, otros deportes, conjuntamente con el béisbol, logren vuestro favor y se desarrollen aquí.

Amigos del Team “Senadores”:

Habéis visto la diferencia que existe entre ser practicante de un sport y ser un verdadero sportivo. Ya sabéis las condiciones morales y materiales que tal nobleza exige. Sedlo siempre. Hay que llevar en todas vuestras acciones, aun aquellas que se pasen fuera del diamante, la dignidad de aquel que respeta su propio cuerpo, de aquel a quien la práctica metódica y digna de ejercicios físicos ha dado el equilibrio constante de una mentalidad sana en un cuerpo sano.

Habéis aprendido a ganar y no sabéis lo que es perder, pero preparaos siempre para otros triunfos, pensando que el día en que llegue la derrota, no será pesado para vosotros, porque en toda lucha, el mejor ha de salir vencedor, y de la derrota sólo podemos, en sportivo, tratar de sacar, no cóleras ni desalientos, sino lecciones para otros triunfos. El día que penséis así y así viváis, habréis dado una lección sportiva a todos y seréis dignos de llamaros verdaderos jugadores de béisbol. He dicho. »

29 de Marzo, 2010
03:29 AM

Por

Domingo Caba Ramos Educador y Profesor Universitario.
dcaba5@hotmail.com